Lavadora: ¿cómo elegir una para comprar y formas de uso eficiente?

¿CÓMO ELEGIR UNA LAVADORA Y USARLA EFICIENTEMENTE?

La lavadora supone un gasto eléctrico y de agua. Expresado en cifras, el consumo de la lavadora supone al menos el 5% del consumo eléctrico de nuestro hogar.

A la hora de comprar una lavadora debe tener en cuenta la categoría de eficiencia energética. Con el fin de informar sobre la eficiencia de energía de un electrodoméstico existe la "etiqueta energética". Esta incluye -aparte de la información del fabricante (marca, modelo, etc.) una barra de colores con la que se establece una escala de eficiencia.

Existen 7 clases diferentes identificadas por un código de colores que va desde la Clase A la más eficiente y marcada en verde, hasta la Clase G en rojo la menos eficiente y por lo tanto, la que consume más.
Los freezers incorporan 2 clases más de eficiencia energética: A+ y A++, de menor consumo que la Clase A.


Según su funcionalidad, existen diversos tipos:
  • están las automáticas
  • las semiautomáticas y con secadora
  • las de carga superior o frontal.
  • Otros aspectos diferenciadores son su capacidad de carga (entre 4,5 y 11 kilos) y las revoluciones por minuto que dé el tambor (que van desde 400 a 1.600).

Una vez elegida la lavadora adecuada hay que procurar realizar lavados de forma ecológica y ahorrar energía. Para ello es posible hacerlo siguiendo algunos consejos:
  • Si llena demasiado la lavadora la ropa quedará sucia, y si es muy poca gastará energía y agua en exceso.
  • La medida ideal es llenar hasta 3/4 partes el tambor, así la ropa podrá moverse libremente durante el lavado.
  • Los artículos que al mojarse adquieren mucho peso (acolchados, zapatillas, tollas , etc.), no lavarlos en la lavadora, utilice las lavanderías de uso industrial.
  • El sobrepeso de la carga hace que el motor de la lavadora trabaje con esfuerzo, pudiendo producirse desperfectos.
  • Leer las instrucciones de la lavadora, para saber cuál es la carga óptima para su correcto funcionamiento.
  • Hoy en día, los detergentes trabajan muy bien incluso en agua fría. Salvo que se trate de manchas de aceite, basta con usar ciclos de agua templada o fría para que la ropa quede limpia.
  • Por eso conviene clasificar las prendas con más suciedad y únicamente para ellas usar agua caliente, aunque también es recomendable dar un prelavado a las manchas para poder programar la lavadora en ciclos cortos y económicos.
  • Dosificar el detergente. Una dosificación adecuada reduce la cantidad de detergente vertida al medio ambiente.
  • Por el contrario, si se echa detergente en exceso provoca la producción de mucha espuma que hace trabajar innecesariamente al motor de la lavadora y aumenta el número de enjuagues, además de contaminar. Por esta razón, es aconsejable no superar la cantidad recomendada por el fabricante.
  • Los detergentes líquidos hacen trabajar menos a las lavadoras, pero si usa uno sólido puede diluirlo en agua antes de introducirlo en el aparato.
  • Conviene evitar el uso de la secadora mediante un centrifugado potente. La secadora es una gran consumidora de energía, por lo que limitaremos su uso a casos de urgencia y en la medida de lo posible lo sustituiremos por un centrifugado de alta velocidad.
  • Limpiar el filtro periódicamente permite mejorar el rendimiento de la lavadora e incluso prolonga su vida útil.
  • Igualmente se debe inspeccionar el orificio de ventilación para asegurarse de que no esté obstruido.

EL AGUA DURA Y LA LAVADORA


El agua dura indica la presencia de sales de Calcio y Magnesio. El sarro producido por el agua dura deteriora lavadoras de ropa y todo tipo de utensilios que operan con agua.
El agua de la ciudad de Santiago fluctúa entre 8 gramos por galón a más de 25 gramos por galón, lo cual la clasifica entre dura y extremadamente dura.
El agua de comunas como Calera de Tango, Malloco, Talagante, Buin, Paine, Pirque, Colina, Batuco, Lampa, Maipú, poseen una dureza que fluctúa entre 12 y más de 65 gramos por galón, con todos los problemas que esto acarrea para sus usuarios.
Generalmente, cuando el agua proviene de pozos, se puede esperar que tenga cantidades excesivas de calcio y magnesio, lo que dará como resultado un agua extremadamente dura.
Cuanto más alto sea el contenido de sarro (agua dura) del agua utilizada para el lavado, más cantidad de detergente se necesita, ya que estas neutralizan parte del detergente. Si usted no lava con agua fría, pueden aparecer incrustaciones calcáreas en su lavadora dañándola.